Comisión de Liturgia
¿Qué es la Pastoral Litúrgica Parroquial?
La Pastoral Litúrgica parroquial es el servicio que realiza la comunidad cristiana para celebrar de manera viva, digna y fructuosa los misterios de la fe, especialmente en la Santa Eucaristía, fuente y culmen de toda la vida de la Iglesia (cf. Sacrosanctum Concilium, 10).
Su misión es ayudar a que cada celebración litúrgica sea:
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Orante: que lleve a un verdadero encuentro con Dios.
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Participativa: donde todos los fieles, según su condición, tomen parte activa (cf. SC 14).
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Bella y digna: porque la liturgia es reflejo de la gloria de Dios y escuela de fe.
La Pastoral Litúrgica coordina, acompaña y forma a los diversos ministerios y equipos que sirven en la celebración: lectores, ministros extraordinarios de la comunión, acólitos y monaguillos, coro y músicos, ujieres o ministros de acogida, equipo de ornato y sacristía, servidores del altar, entre otros. Todos ellos cooperan para que el pueblo de Dios pueda alabar al Señor con un solo corazón y una sola voz.
Fundamento espiritual
La liturgia no es solo un conjunto de ritos. Es acción de Cristo y de la Iglesia. Al celebrar los sacramentos, Dios santifica a su pueblo y el pueblo responde con adoración, gratitud y vida transformada. Por eso, la Pastoral Litúrgica es también escuela de espiritualidad: enseña a amar la Eucaristía, a vivir los tiempos litúrgicos y a reconocer la presencia viva del Señor en medio de su pueblo.
Objetivos principales
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Custodiar la dignidad de la liturgia y promover celebraciones fieles a las normas de la Iglesia.
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Formar a los servidores litúrgicos en doctrina, espiritualidad y práctica celebrativa.
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Favorecer la participación plena, consciente y activa de la asamblea.
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Cuidar los signos sagrados (espacio litúrgico, ornamentos, música, libros litúrgicos).
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Fortalecer la comunión entre sacerdotes, diáconos, religiosas y fieles laicos en el servicio del altar.
Llamado a la comunidad
Toda la parroquia está invitada a valorar y apoyar esta pastoral. No se trata solo de “organizar misas”, sino de ayudar a que cada celebración sea un verdadero encuentro transformador con Cristo. Cada gesto, cada canto, cada silencio y cada oración son caminos por donde Dios toca los corazones.