CONFIRMACIÓN
Catequesis sobre el Sacramento de la Confirmación
El Sacramento de la Confirmación es uno de los regalos más hermosos que la Iglesia ofrece a sus hijos. Es el momento en que el bautizado, ya crecido en la fe, abre el corazón para recibir la fuerza del Espíritu Santo, ese mismo Espíritu que impulsó a los apóstoles a anunciar el Evangelio sin miedo.
1. ¿Qué es la Confirmación?
La Confirmación es el sacramento que fortalece y completa la obra iniciada en el Bautismo.
Si en el Bautismo nacimos a la vida nueva, en la Confirmación recibimos el “aliento de Dios” para caminar como cristianos maduros, comprometidos y llenos del fuego del Espíritu.
La Iglesia nos enseña que este sacramento:
-
Nos une más profundamente a Cristo.
-
Hace crecer en nosotros los dones del Espíritu Santo.
-
Nos da fuerza para testimoniar la fe con valentía.
-
Nos arraiga más firmemente en la comunidad de la Iglesia.
Es como si Dios nos dijera: “Cuenta conmigo para tu misión; no estás solo.”
2. ¿Por qué necesitamos este sacramento?
Porque la vida cristiana es un camino que necesita fuerza, luz y dirección.
Necesitamos del Espíritu:
-
Para discernir la voluntad de Dios.
-
Para vencer el miedo y las tentaciones.
-
Para servir con alegría.
-
Para dar razón de nuestra esperanza.
Jesús no envió a sus discípulos solos. Los ungió con el Espíritu Santo. De la misma manera, la Confirmación es nuestra “mini-Pentecostés”.
3. Edad y tiempo oportuno
La Iglesia permite que el sacramento se reciba desde el momento en que la persona tiene uso de razón.
Sin embargo, cada diócesis establece una edad concreta según su pastoral.
En nuestras comunidades suele vivirse como un paso de madurez, entre la preadolescencia y la adolescencia, aunque también los adultos pueden y deben confirmarse.
Lo importante no es la edad, sino el corazón dispuesto.
4. La formación del candidato
Para recibir este sacramento no basta con asistir a unas clases: se requiere un camino de encuentro.
La preparación busca que el joven:
-
Conozca y ame a Jesús.
-
Comprenda la belleza de la Iglesia.
-
Fortalezca su vida sacramental y su oración.
-
Se descubra llamado a servir.
-
Entienda que la Confirmación le compromete con una vida cristiana más consciente y madura.
También es recomendable la confesión antes de recibir el sacramento, para abrir el alma a la gracia del Espíritu.
5. ¿Quiénes pueden ser padrinos?
El padrino no es un nombre más en el certificado.
Es un acompañante espiritual, alguien que camina al lado del joven para ayudarle a crecer en la fe.
Por eso la Iglesia pide que sea una persona:
-
Católica, confirmada y que vive su fe activamente.
-
Con una vida coherente y que pueda ser ejemplo.
-
Con la madurez necesaria para orientar.
-
Que no sea el padre o la madre del confirmando.
Se recomienda que, si es posible, sea el mismo padrino del Bautismo, para continuar la misión espiritual iniciada entonces.
6. ¿Quién confirma?
Habitualmente es el obispo, para mostrar la comunión con la Iglesia universal y la continuidad con los apóstoles.
También puede confirmar un sacerdote autorizado, especialmente cuando se trata de adultos o situaciones particulares.
7. ¿Qué sucede en el rito?
El momento central es la unción con el santo crisma.
Mientras el obispo traza la señal de la cruz en la frente del confirmando, dice:
“Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo.”
Es un gesto sencillo, pero de una profundidad espiritual inmensa:
Es Cristo mismo quien marca y fortalece al discípulo.
8. ¿Qué frutos deja en el alma?
La Confirmación nos da:
-
Fuerza para ser testigos.
-
Madurez espiritual.
-
Profunda unión con la Iglesia.
-
Carácter indeleble, una marca eterna del Espíritu.
-
Renovación de los dones: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
Es como encender el fuego interior que ya estaba presente desde el Bautismo.
9. ¿Para qué nos envía el Espíritu?
Para llevar el Evangelio a donde vayamos:
-
A nuestras familias, escuelas, trabajos.
-
A quienes sufren o están lejos de Dios.
-
A los espacios donde sea necesario un corazón cristiano.
Confirmarse es decirle al Señor:
“Aquí estoy. Envíame.”
Solicita tu acta aquí
