Cuando Puerto Rico cantó en Roma: el Jubileo de los Coros 2025
- Rosa Sánchez Tirado

- 16 dic 2025
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En el corazón del Año Santo 2025, mientras la Iglesia universal abría de par en par las Puertas Santas como signo de misericordia y renovación, Puerto Rico hizo escuchar su voz en la Ciudad Eterna. No fue una voz solitaria, sino un canto coral, tejido por la fe, la entrega y el servicio de hombres y mujeres que han consagrado su talento musical a la liturgia. Así se vivió el Jubileo de los Coros, una experiencia que marcó profundamente a una delegación puertorriqueña que peregrinó hasta Roma para ofrecer su canto como oración viva.
Cerca de medio centenar de coristas y músicos, procedentes de distintos rincones de la isla, formaron lo que con alegría llamaron la Delegación Nacional. Acompañados espiritualmente por el P. Javier Avilés, de la Diócesis de Arecibo, emprendieron un viaje que no fue solo geográfico, sino profundamente interior: un camino de fe, comunión y renovación del ministerio del canto.
Un camino que nació en la Providencia
La peregrinación comenzó bajo el amparo de Nuestra Señora, Madre de la Divina Providencia, patrona de Puerto Rico. Desde ese primer momento, el grupo entendió que no viajaba solo: María caminaba con ellos. Entre maletas, partituras y abrigos, los peregrinos partieron con el corazón dispuesto a encontrarse con la Iglesia madre, allí donde Pedro dio testimonio y donde la fe ha sido custodiada por siglos.
Roma los recibió con frío, lluvia y multitudes, pero también con la calidez espiritual de saberse parte de algo más grande. Cada basílica, cada plaza, cada paso por las calles antiguas recordaba que la fe que se canta en las parroquias de la isla es la misma que resuena en el corazón del cristianismo.
La Iglesia como gran sinfonía
Para muchos de los peregrinos, el Jubileo fue una revelación de la universalidad de la Iglesia. Escuchar idiomas distintos, cantos diversos y acentos lejanos fue experimentar que la fe es una sola, aunque se exprese con múltiples melodías. En medio de esa diversidad, los coristas puertorriqueños descubrieron que su servicio local tiene un eco universal.
Como bien expresó una de las participantes, la música se convirtió en una catequesis viva: Cristo es la melodía central y la Iglesia, en su diversidad, es la armonía que la sostiene. El canto dejó de ser solo ejecución musical para convertirse en confesión de fe, en comunión, en testimonio.
Ante el Sucesor de Pedro
Uno de los momentos más conmovedores fue la Audiencia Jubilar con el Papa León XIV en la Plaza de San Pedro. Rodeados por miles de músicos de todo el mundo, los coristas vivieron la experiencia de sentirse parte de un solo coro universal. El Santo Padre los exhortó a redescubrir su ministerio no como protagonismo, sino como servicio humilde que ayuda al Pueblo de Dios a orar y a caminar unido.
Al día siguiente, en la Solemnidad de Cristo Rey, la Eucaristía presidida por el Papa fue un verdadero anticipo del cielo. A pesar del frío intenso, el canto se elevó con fuerza y devoción, proclamando que Cristo reina cuando su pueblo ora unido.
Cruzar la Puerta Santa: cantar con el corazón
El paso por la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro fue vivido como un momento de gracia profunda. Allí, el silencio habló tanto como el canto. Cada peregrino llevó en su interior las intenciones de su familia, de su parroquia y de los coros a los que sirve. Fue un acto de fe que renovó compromisos y avivó la esperanza.
Un jubileo que continúa
El Jubileo de los Coros no terminó en Roma. Continúa hoy en Puerto Rico, en cada ensayo, en cada misa, en cada voz que, con sencillez, ayuda a la comunidad a elevar el alma a Dios. Esta peregrinación ha recordado que la música litúrgica no es un adorno, sino oración encarnada, misión viva y puente de comunión.
Que el canto que resonó en la Ciudad Eterna siga transformando los corazones en la isla, y que los coros de Puerto Rico continúen siendo testigos de una Iglesia que cree, canta y camina unida hacia el encuentro con el Señor.
Muy Orgulloso de nuestra comunidad de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario.