Entre música y solidaridad, el Viñedo de Raquel sana corazones en su actividad anual
- Ruth E. Quijano Reyes

- 11 ene
- 2 Min. de lectura
Entre trovadores y música típica, el ministerio de Retiros El Viñedo de Raquel de la Diócesis de Fajardo-Humacao celebró su actividad anual de recaudación de fondos, “Octavitas con el Viñedo”, el pasado domingo 11 de enero. Esta actividad tiene como propósito apoyar los retiros y las actividades que realiza el ministerio, para poder seguir llegando a mujeres y hombres que han pasado por la dolorosa experiencia de perder un bebé, ya sea por aborto espontáneo o provocado. A través de esta misión, se busca acompañar y sanar corazones, recordando siempre que el Señor nos ama, nos perdona y camina con nosotros en todo momento, aun en medio de las situaciones más difíciles.
Desde que uno se acercaba a la plaza, se sentía el olor del almuerzo de arroz con gandules, lechón y ensalada de coditos o guineítos en escabeche. Ese aroma despertaba el apetito y también nos hacía agradecer que en nuestra isla tengamos las Navidades más largas del mundo y una comida típica tan especial. La música, el ambiente familiar y la buena organización del evento hacían que todos se sintieran bienvenidos. Cada plato se entregaba con una sonrisa, un saludo amable y, en muchos casos, un abrazo sincero, dejando claro que allí no solo se compartía comida, sino también cariño y fraternidad.
Al ser esta mi primera vez participando en una actividad como esta, me impresionó mucho sentir tanto amor, caridad y alegría en cada espacio. Más allá de la meta de recaudar fondos, se notaba que lo más importante era que cada persona tuviera su plato de comida. Incluso quienes no pudieron llegar a la parroquia recibieron su almuerzo caliente gracias a personas que, con gran generosidad, se ofrecieron para llevarles la comida hasta sus hogares.
Ver a la comunidad unida, pendiente de las necesidades de los demás y dispuesta a servir sin esperar nada a cambio, me llenó de gratitud y esperanza. Esta experiencia me recordó que la verdadera riqueza no está en lo que tenemos, sino en lo que compartimos. También me confirmó que nuestra fe se vive en acciones sencillas, en el servicio diario y en el amor al prójimo. Agradezco haber sido parte de este hermoso compartir y deseo que actividades como “Octavitas con el Viñedo” sigan fortaleciendo nuestra parroquia por muchos años más. Gracias a todos los que colaboraron; los invitamos a orar por nosotros con el mismo amor con el que nosotros oraremos por ustedes.




























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