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La Parroquia Nuestra Señora del Rosario celebró la Presentación del Señor y la Virgen de la Candelaria


Mientras caía la noche oscura, tras un día lluvioso que había envuelto al pueblo en silencio, la comunidad parroquial de Nuestra Señora del Rosario en Naguabo se congregó frente a la entrada principal del templo. Fieles de todas las edades rodearon al P. Jonathan E. Pabón Tirado, párroco de la parroquia, junto a sus diáconos, esperando el momento cúspide de encender la luz que simboliza a Cristo, luz del mundo.


Esta celebración, conocida tradicionalmente como la Candelaria, tiene sus raíces en los primeros siglos del cristianismo y recuerda a la Iglesia que Cristo es la luz que vence toda oscuridad.


El 2 de febrero, día de la Virgen de la Candelaria y de la Presentación del Niño Jesús en el templo por sus padres, las velas permanecieron apagadas en manos del pueblo mientras se bendecían las pencas del Domingo de Ramos del año anterior. De esas mismas pencas surgirán las cenizas que serán impuestas el miércoles 18 de febrero, Miércoles de Ceniza. Celebrada cuarenta días después de la Navidad, esta fiesta prolongó la contemplación del misterio de la Encarnación y proclamó a Cristo como Luz del mundo, anticipando espiritualmente el camino hacia la Cuaresma.


Cuando la llama fue encendida, el P. Jonathan compartió el fuego bendecido con los fieles, quienes transmitieron la luz unos a otros en un gesto de profunda comunión. La noche se iluminó lentamente con decenas de pequeñas llamas que proclamaban silenciosamente la presencia de Cristo en medio de su pueblo. Entre cantos de alabanza, la asamblea inició la procesión hacia el interior del templo.


Durante la liturgia de la Palabra, la primera lectura proclamó al profeta Malaquías (3, 1-4), anunciando la llegada purificadora del Señor que transforma los corazones. El salmo responsorial elevó el canto del pueblo proclamando: “El Señor es el Rey de la gloria” (Sal 23 [24]). El Evangelio según san Lucas (2, 22-32) narró la presentación de Jesús en el templo y el encuentro con Simeón, quien reconoció al Mesías como “luz para alumbrar a las naciones”.

La participación de la comunidad reflejó la continuidad viva de la fe transmitida de generación en generación.


En su homilía, el P. Jonathan invitó a la comunidad a mirar este signo litúrgico como preparación interior para la Cuaresma que se aproxima. Planteó a los fieles preguntas que resonaron en el silencio del templo:


¿Cómo iban a vivir esta nueva Cuaresma?


¿La vivirían con un corazón contrito y dispuesto a la conversión?

¿O sería simplemente una Cuaresma más?


El sacerdote exhortó a dejar que la luz de Cristo transformara la vida cotidiana, para que el Miércoles de Ceniza, 18 de febrero, no fuera un gesto vacío, sino el inicio de un camino auténtico de renovación espiritual.


Para Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

— Sharon L. Jiménez Díaz

Colaboradora parroquial


 
 
 

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