De Roma a nuestra diócesis: frutos del Año Jubilar de la Esperanza
- Rvdo. P. Jonathan Pabón Tirado
- 29 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Con profundo espíritu de gratitud y renovación espiritual, la Diócesis de Fajardo-Humacao celebró el Cierre del Año Jubilar de la Esperanza, un tiempo de gracia que marcó de manera significativa el caminar pastoral de nuestro pueblo fiel, invitándolo a redescubrir la confianza en Dios en medio de los desafíos personales, eclesiales y sociales de nuestro tiempo.
A lo largo de este Año Jubilar, la diócesis fue convocada a peregrinar como Iglesia, a abrir el corazón a la misericordia del Padre y a renovar la certeza de que la esperanza cristiana no defrauda, porque tiene su fundamento en Cristo resucitado. Fue un tiempo propicio para la conversión personal y comunitaria, para la reconciliación, la oración intensa y el fortalecimiento del compromiso misionero.
El acto de clausura se vivió como una auténtica celebración de fe y comunión, en la que sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos se congregaron para dar gracias por los frutos recibidos. La Eucaristía, centro de la vida cristiana, fue el corazón de este cierre jubilar, recordándonos que la esperanza se alimenta en el encuentro vivo con el Señor, presente en su Palabra y en el Pan de Vida.
Este Año Jubilar fue vivido de manera muy especial por varios feligreses de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Naguabo, quienes, junto a su párroco, tuvieron la gracia de peregrinar personalmente a Roma y participar de distintas celebraciones jubilares en la Ciudad Eterna. Entre estas experiencias destacaron el Jubileo de los Sacerdotes, el Jubileo de los Catequistas y el Jubileo de los Coros, momentos profundamente significativos que fortalecieron la vocación, el servicio y el sentido de pertenencia a la Iglesia universal.
Estas vivencias no solo enriquecieron espiritualmente a quienes participaron, sino que se convirtieron en un testimonio vivo para toda la comunidad parroquial, recordándonos que la esperanza se renueva cuando caminamos juntos y cuando la fe se celebra en comunión con la Iglesia extendida por todo el mundo.
Durante este año se promovieron también peregrinaciones locales, celebraciones penitenciales, obras de misericordia, encuentros formativos y espacios de oración, que ayudaron a muchos a sanar heridas, renovar promesas bautismales y reafirmar su compromiso evangelizador.
El cierre del Año Jubilar de la Esperanza no marca un final, sino un envío misionero. Somos llamados a llevar lo vivido a nuestra vida cotidiana y a convertirnos en signos vivos de esperanza para un mundo que tanto la necesita.



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