En la Dulce Espera de María
- Rvdo. P. Jonathan Pabón Tirado
- 16 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Cada 16 de diciembre, el pueblo puertorriqueño celebra con especial devoción la Fiesta de la Expectación del Parto de la Virgen María, también conocida como Nuestra Señora de la O o Santa María de la Esperanza. Esta fiesta mariana, profundamente ligada al tiempo de Adviento, nos invita a contemplar a la Virgen María en los días inmediatos al nacimiento de Jesús, portadora de la promesa divina y signo de esperanza para la humanidad. En Puerto Rico, esta celebración no solo pertenece al calendario litúrgico, sino que ha echado raíces hondas en la cultura, la espiritualidad popular y la identidad cristiana del país.
El origen de esta fiesta se remonta a la España visigótica del siglo VII. En el año 656, durante el X Concilio de Toledo, los obispos decidieron instituir una celebración mariana en el Adviento para honrar de modo más adecuado el misterio de la Encarnación, ya que la solemnidad de la Anunciación (25 de marzo) coincidía frecuentemente con la Cuaresma o el tiempo pascual. Así nació la Fiesta de la Expectación del Parto, centrada en la espera gozosa y confiada del nacimiento del Salvador.
Con la colonización española, esta devoción llegó a tierras puertorriqueñas junto con la fe católica, la liturgia y las tradiciones marianas. Los misioneros encontraron en el pueblo una sensibilidad especial hacia la figura de María, mujer creyente, madre y servidora del plan de Dios. En Puerto Rico, la fiesta se fue adaptando al contexto local y, con el paso del tiempo, se fijó su celebración el 16 de diciembre, coincidiendo con el inicio de las tradicionales Misas de Aguinaldo.
Esta conexión no es casual. Las Misas de Aguinaldo, celebradas de madrugada, expresan de manera viva la espiritualidad de la expectación: el pueblo camina en la oscuridad hacia la luz, tal como María aguardaba en silencio el nacimiento del Niño Dios. La Virgen encinta se convierte así en icono de esperanza para un pueblo que canta, ora y espera con gozo.
En la cultura puertorriqueña, la Fiesta de la Expectación del Parto ha fortalecido valores esenciales como la paciencia, la confianza en Dios y la certeza de que la vida nueva está gestándose aun en medio de la noche. María, cercana y maternal, refleja el rostro de un pueblo que ha aprendido a esperar con fe.
Hoy, esta fiesta sigue viva en Puerto Rico como una invitación a abrir el corazón y a renovar la esperanza, preparando el pesebre interior para que Cristo vuelva a nacer en nuestra historia personal y comunitaria.



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