Las Misas de Aguinaldo: un amanecer de alegría que prepara el corazón para la Navidad
- Rvdo. P. Jonathan Pabón Tirado
- 15 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Con gran alegría y profundo gozo, nuestra comunidad parroquial ha comenzado la celebración de las tradicionales Misas de Aguinaldo, un tiempo bendito que nos prepara espiritualmente para la llegada del Niño Dios en la solemnidad de la Navidad. Cada madrugada, cuando aún el silencio envuelve nuestros hogares y las primeras luces del día comienzan a asomarse, el pueblo fiel se levanta con entusiasmo para encontrarse con el Señor en la Eucaristía.
Las Misas de Aguinaldo no son solo una hermosa tradición, sino una verdadera experiencia de fe que une generaciones, familias y comunidades. En ellas, el canto alegre, la oración sincera y la Palabra de Dios proclamada con esperanza nos recuerdan que la Navidad no es simplemente una fecha en el calendario, sino un acontecimiento vivo que transforma el corazón. Cada misa es un amanecer del alma, una invitación a renovar la esperanza y a abrir el corazón a la presencia salvadora de Dios.
Este tiempo previo a la Navidad nos ayuda a vivir la espera activa, como María y José, con confianza y disponibilidad. En medio de las preocupaciones cotidianas, las Misas de Aguinaldo nos llaman a detenernos, a levantar la mirada y a reconocer que Dios camina con su pueblo. La alegría que se respira en cada celebración no es superficial, sino profunda, nacida de la certeza de que “el Señor está cerca” y que su amor se hace carne para habitar entre nosotros.
La participación fervorosa de la comunidad, los cantos tradicionales llenos de vida y el ambiente fraterno que se crea en cada encuentro reflejan una Iglesia viva, peregrina y agradecida. Es hermoso ver cómo, aún en las primeras horas del día, niños, jóvenes, adultos y ancianos se reúnen como una sola familia, testimoniando que la fe sigue siendo el centro que nos convoca y nos une.
Las Misas de Aguinaldo nos impulsan también a vivir la Navidad con un corazón más solidario, reconciliado y disponible para servir. Nos recuerdan que el verdadero aguinaldo es Cristo mismo, que viene a nacer en la humildad de un pesebre y desea nacer también en cada uno de nosotros.
Que este tiempo de gracia continúe llenándonos de alegría y gozo, y que, al acercarnos al misterio de la Navidad, podamos decir con fe y esperanza: ¡Ven, Señor Jesús! Que nuestras vidas, iluminadas por estas celebraciones, sean un canto de alabanza y gratitud al Dios que nunca deja de visitarnos.



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